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GLADIADORES

Mito y realidad

Fernando Lillo Redonet

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INTRODUCCIÓN

Los gladiadores entran a la arena del anfiteatro mientras el público aplaude y jalea a sus ídolos. Se detienen frente al palco imperial y saludan al emperador presentándole sus armas: «Ave, César, los que van a morir te saludan». Una frase que presagia el derramamiento de sangre que regará la pista. Los combates se suceden de forma encarnizada entre diversas parejas y, al final de cada uno, el tiempo parece detenerse esperando el veredicto del emperador que consulta al pueblo el destino del vencido. Si el pulgar mira hacia arriba, el perdedor habrá salvado su vida por la clemencia del público y de su emperador, pero si mira hacia abajo, la espada del vencedor acabará con la vida del derrotado. El público aplaude la liberación de un gladiador que merece la vida gracias al buen combate exhibido o celebra la muerte merecida de quien no ha sabido ofrecerles un buen espectáculo.

Esta es la visión que el público general suele tener de los gladiadores; una imagen popularizada sobre todo a través del cine de romanos. «Sangre» y «arena» son precisamente las dos palabras que acompañan al título de la serie más reciente sobre Espartaco (Spartacus: Blood and Sand; Starz Media, 2010), sintetizando la fascinación que aún despiertan estos combatientes que se enfrentaban a la muerte para diversión del pueblo romano.

Sin embargo, detrás de los mitos consagrados por algunas novelas históricas y por la pantalla late una realidad bastante distinta. En este libro de clara intención divulgativa conoceremos a los gladiadores antes y durante el espectáculo, así como el impacto de estos combates en el público de ayer y hoy. Antes del espectáculo nos remontaremos a los orígenes funerarios y rituales de este tipo de luchas, entraremos en una escuela de gladiadores para saber cómo eran reclutados, cómo entrenaban y de qué se alimentaban, cuáles eran las relaciones dentro de la familia gladiatoria y qué tipos de gladiadores había con sus principales características. También sabremos quién organizaba los juegos y cuánto podían costar. El apartado dedicado al espectáculo en sí mismo nos abrirá las puertas del Coliseo y del programa diario del espectáculo: cacerías, ejecuciones públicas, combates de gladiadores y naumaquias. En los combates nos sorprenderá la existencia de árbitros y de las diversas técnicas de ataque y defensa, así como el proceso para decidir la suerte del vencido y los destinos de vencedor y perdedor hasta un posible retiro si le era concedida la libertad que indicaba una espada o vara de madera. En un tercer apartado descubriremos el mundo de los aficionados a los juegos de gladiadores y las intensas pasiones que estos despertaban en el público femenino y masculino e incluso entre los propios emperadores. Sabremos qué opinión tenían los intelectuales romanos sobre estos sangrientos espectáculos que parecen contradecir la idea que tenemos de una civilización romana de grandes ideales humanitarios. Veremos cuáles pudieron ser las causas de su desaparición progresiva y también de su pervivencia en la imaginación popular de los siglos XX y XXI a través del cine.

Y todo ello gracias a las últimas investigaciones que tienen en cuenta las abundantísimas imágenes de gladiadores que hemos conservado en relieves, lucernas y otros soportes, los numerosísimos documentos epigráficos, que nos informan de los nombres y carrera de los héroes de la arena, y las citas de obras literarias griegas y latinas. A esto hay que añadir los variados grupos de reconstrucción histórica como Ars dimicandi[1] o Acta[2] que practican una arqueología experimental para saber cómo se desarrollaban los combates reales.

No me cabe la menor duda de que el lector acabará sorprendido al introducirse en un mundo que creía conocer a través de los mitos populares y que presenta una realidad que supera y enriquece la ficción. Olvídense de los pulgares arriba y abajo y de la famosa frase de saludo al emperador y pasen a conocer a los gladiadores como seres humanos con nombres propios, inmersos en un tiempo y en una época que les idolatraba y odiaba a partes iguales.

[1]. http://www.arsdimicandi.net/.

[2]. http://www.acta-archeo.com/html/.