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Volker Noll; Klaus Zimmermann;

Ingrid Neumann-Holzschuh

(eds.)

El español en América:
Aspectos teóricos, particularidades, contactos

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Lengua y Sociedad en el Mundo Hispánico

Language and Society in the Hispanic World

Editado por / Edited by:

Julio Calvo Pérez (Universitat de València)

Luis Fernando Lara (El Colegio de México)

Matthias Perl (Universität Mainz)

Armin Schwegler (University of California, Irvine)

Klaus Zimmermann (Universität Bremen)

Vol. 11

Volker Noll
Klaus Zimmermann
Ingrid Neumann-Holzschuh
(eds.)

El español en América:
Aspectos teóricos,
particularidades, contactos

Vervuert • Iberoamericana • 2005

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© Iberoamericana, 2005
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ISBN 84-8489-146-1 (Iberoamericana)
ISBN 3-86527-150-2 (Vervuert)

Depósito legal

Ilustración de la cubierta: J. M. Rugendas: Der Marktplatz von Acultzingo.

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Impreso en España

ÍNDICE

Prólogo

I. Cuestiones teóricas y metodológicas

Rocío Caravedo:
La realidad subjetiva en el estudio del español de América

José Luis Rivarola:
Sobre los orígenes y la evolución del español de América

Luis Fernando Lara:
La descripción del significado del vocabulario no-estándar

Azucena Palacios Alcaine:
Aspectos teóricos y metodológicos del contacto de lenguas: el sistema pronominal del español en áreas de contacto con lenguas amerindias

II. Particularidades: Estudios de caso

Volker Noll:
Reflexiones sobre el llamado andalucismo del español de América

Giorgio Perissinotto:
Hacia una norma colectiva para el español de los Estados Unidos de Norteamérica

Gabriele Knauer:
Lengua y medios de comunicación étnicos: el caso del español de EE.UU

Eva-Maria Güida:
El vocabulario informático en Argentina: Los lectores escriben a La Nación

Bettina Kluge:
Las fórmulas de tratamiento en un corpus chileno

Ruth Mariela Mello-Wolter:
Arcaísmos en el español del Paraguay

III. Aspectos del contacto del español con el guaraní

Lenka Zajícová:
El castellano en el contexto de la emancipación del guaraní: Un estudio regional en Itapúa (Paraguay)

Wolf Dietrich:
El léxico del castellano de la «zona guaranítica» (Paraguay y Nordeste argentino) frente al léxico porteño

Haralambos Symeonidis:
Aspectos sintácticos en el habla popular románico de la zona guaranítica

Los autores y editores

PRÓLOGO

El libro que presentamos reúne las ponencias de la mesa «El español de América: nuevos enfoques», celebrada en Ratisbona en el marco del Congreso de Hispanistas Alemanes del 6 al 9 de marzo de 2003. El propósito fue ofrecer a los hispanistas alemanes que trabajan en este área la oportunidad de exponer sus resultados de investigación. El estudio de los «asuntos» hispanoamericanos en la lingüística románica alemana ha sido casi inexistente hasta los años ochenta del siglo XX. Sin embargo, a partir de esta fecha y poco a poco ha sido aumentando el interés por el área. De hecho, hoy en día constatamos una participación viva y abundante en varios dominios de la lingüística latinoamericana por parte de lingüistas de universidades de habla alemana. La sección «El español en América» es testimonio de ello aunque no todos los especialistas alemanes estuvieron representados en ella, porque había mesas con otros temas dónde también se involucraron estudios hispanoamericanos, como aquellas sobre cortesía y sobre el verbo.

Desde hace años los Congresos de Hispanistas Alemanes tienen —entre otras— la meta de fomentar el intercambio con colegas especialistas del mundo hispanohablante. Gracias al apoyo de la Fundación Alemana de Investigación (DFG) tuvimos la oportunidad de invitar a Luis Fernando Lara (México) y Giorgio Perissinotto (Santa Barbara, EE.UU.). Logramos, además, tener con nosotros a otros colegas queridos como los peruanos Rocío Caravedo y José Luis Rivarola así como, de España, a Azucena Palacios. El Congreso de Ratisbona tuvo también como objetivo involucrar a los hispanistas de los vecinos países del este. El DAAD otorgó una ayuda especial para la invitación de estos especialistas. Estamos satisfechos de haber tenido entre nosotros también a una joven colega de Chequia: Lenka Zajícová. Esta mesa, con las restantes personas radicadas en Alemania, tomó de hecho, un carácter internacional.

Al convocar la sección y darle el subtítulo «Nuevos enfoques», intentamos atraer la presentación de trabajos que en alguna forma tocasen métodos, enfoques, temas o áreas hasta el momento no tan estudiados. El lector tiene el resultado en sus manos. Las mayores preocupaciones de los investigadores siguen siendo, como parece, el descubrimiento de las particularidades del español (o castellano) en América, una visión diferencialista y dialectológica que no niega la perspectiva subyacente de un español ideal u original (el de España) que es el punto de partida de la comparación. Sin embargo, se entreven otros enfoques adicionales (los sociolingüísticos, la comparación interamericana y el papel de los medios de masas) que indican una ampliación paulatina de enfoques.

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Testimonio del cambio de la visión tradicional son las contribuciones que hemos reunido en la parte «Aspectos teóricos y metodológicos». La lingüística hispanoamericana empieza a integrar no sólo las nuevas tendencias que entraron en el ámbito de la lingüística a nivel mundial en los últimos treinta años, sino también a teorizar su objeto de estudio por su propia cuenta y según los aspectos específicos. La lingüística hispanoamericana deja de ser una lingüística que se contenta con aplicar teorías y métodos a los hechos regionales. Con ello está obligada a teorizar su objeto y a repensar sus métodos. Prevalecen en esta parte las inquietudes y las contribuciones de los colegas latinoamericanos y españoles invitados.

América vivió y vive un contacto lingüístico diferenciado desde hace 500 años. La lingüística hispánica siempre ha tomado en consideración este hecho, favoreciendo la cuestión de las influencias amerindias en el español, también desde un enfoque diferencial con referencia al español peninsular. Surgieron en los últimos años nuevos enfoques que estudian condiciones político-sociales y áreas de influencia así como el contacto como hecho socio- y psicolingüístico y la creación de nuevas lenguas (criollas) y variedades étnicas estables (español andino). Con ello se hizo cada vez más obsoleta una visión normativa, otorgando a los productos del contacto (hibridez y sincretismo) una dignidad propia. El interés hacia el contacto se manifiesta en el apartado correspondiente, así como en una contribución teórico-metodológica del problema (Azucena Palacios).

En su artículo «La realidad subjetiva en el estudio del español de América», Rocío Caravedo se plantea la cuestión psico-social de cuáles son los factores fundamentales que contribuyen a la orientación perceptiva y evaluativa de los hispanohablantes a uno y otro lado del Atlántico en materia lingüística. Con ello demuestra la necesidad de integración de las actitudes de hablantes sobre rasgos lingüísticos así como su diferenciación regional y social en el ámbito de la lingüística hispánica. Según Caravedo, una aproximación a esta «dimensión subjetiva» resulta vital para entender las diferencias de uso e interpretación de muchos fenómenos lingüísticos que reaparecen en uno y otro espacio. Esta visión constructivista demuestra que una exclusiva observación de tipo fenoménico puede llevar a imaginar erróneamente una unidad de actitudes en torno al español, o un mismo ideal de lengua, cuando en verdad existen varios sistemas valorativos, a veces divergentes, detrás de fenómenos sólo aparentemente semejantes, en cada uno de los espacios sociales en que se desarrolla la lengua.

En su artículo «Sobre los orígenes y la evolución del español de América», José Luis Rivarola parte del concepto de «base lingüística», introducido por Rodolfo Lenz y utilizado, con alcances diversos, por otros estudiosos posteriores, para ofrecer una caracterización somera del español llevado a América, considerándolo como un «conjunto variacional» completo. Se analizan, además, los principales aspectos lingüísticos que se manifiestan en el proceso de «reestructuracion» patrimonial de la lengua en el Nuevo Continente y se alude a la formación en él de nuevas variedades de español. Como factores que contribuyeron a las particularidades nacionales y regionales de las variedades del castellano pone de relieve los distintos ritmos en el proceso formativo, la larga convivencia de variantes, el arcaísmo por inercia, la acomodación léxica, el contacto con las lenguas amerindias y factores normalizadores. De ahí y con una creciente conciencia nacional en aspectos lingüísticos, se reclama la aceptación de cada variedad nacional como igualmente válida que otra. Así se ha desarrollado un nuevo pluricentrismo de la lengua española. Este a su vez plantea hoy en día la cuestión de la normatividad de forma pluralista y no eurocéntrica.

El director del Diccionario del Español de México, Luis Fernando Lara, dis-cute en su tratado «La descripción del significado del vocabulario no-estándar» una serie de problemas teóricos y metodológicos del léxico popular. Para tal efecto introduce una distinción entre lengua literaria y lengua estándar, la primera en el mundo hispánico notablemente unida, diferente y normativamente sobrepuesta a las diferentes lenguas estándares, la peninsular, mexicana, rioplatense, etc. Además, hay tantas lenguas no-estándares hispánicas como tradiciones culturales se encuentran entre los pueblos hispánicos. Lara discute el problema de enfoques divergentes de la lexicología y de la lexicografía para descripciones del significado del vocabulario, destacando el fracaso de la lexicología y las ventajas relativas de la lexicografía. Afirmando que no hay metalenguaje para tal efecto, sino se usa el lenguaje cotidiano, plantea el problema del lenguaje para la descripción del no-estándar, las variedades rurales, sociolectales de clase baja, argot, juveniles, etc. Apoyándose en el criterio de Uriel Weinreich, que la única forma de decidir la adecuación de una descripción de significado es el juicio comparativo de los hablantes, constata, que no es la lexicología, sino la lexicografía, comprometida históricamente con la inteligibilidad del léxico y con el valor de la documentación, la disciplina lingüística más apta para tal efecto, pero sin ser de ninguna manera perfecta.

Tomando como ejemplo el caso de la variación de uso de los pronombres le, lo y la, Azucena Palacios aborda en su artículo «Aspectos teóricos y metodológicos del contacto de lenguas: el sistema pronominal del español en áreas de contacto con lenguas amerindias» algunos aspectos fundamentales para las controvertidas explicaciones de las particularidades de variedades del español en América en zonas de contacto, es decir de explicarlas como evoluciones a partir de tendencias intrahispánicas o causadas por el contacto. Por medio de una comparación de este uso en cuatro regiones caracterizadas por el contacto con lenguas amerindias totalmente diferentes (maya: Guatemala, guaraní: El Paraguay, quechua: Perú y Ecuador) logra demostrar cómo el mecanismo de la convergencia lingüística per-mite explicar cómo se han producido los cambios lingüísticos y cómo éstos han seguido una dirección convergente. Se trata de un único proceso de cambio general inducido por contacto, las diferencias se explican por representar etapas diferentes del mismo proceso. Entre otros resultados cabe mencionar que, al contrario de otros autores que enfocan determinantes estructurales, la autora demuestra el papel esencial que desempeñan los factores sociales en el cambio inducido por el contacto. Llegar a este resultado presupone trabajar con datos novedosos, obtenidos por el trabajo de campo teniendo en cuenta variables sociales como el carácter monolingüe o bilingüe del informante, su nivel de instrucción y la procedencia de un ambiente monolingüe o bilingüe. Palacios ha apuntado aportaciones teóricas para entender los procesos de cambio como generales y no particulares, demostrado con el estudio de los distintos sistemas pronominales que se han descrito para las zonas de contacto lingüístico hispanoamericanas. También ha delimitado y perfilado el mecanismo de convergencia lingüística, dentro de lo que Sarah Thomason llama mecanismo de negociación, concepto central en su marco teórico, pero vagamente definido. Por último ha demostrado aportaciones metodológicas para realizar trabajos de campo importantes cuyo objeto es el estudio de fenómenos lingüísticos que tienen que ver con el contacto de lenguas.

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El segundo grupo de contribuciones lo constituyen los estudios sobre casos particulares. Ahí se reúnen problemas de índole muy diversa, desde la reconsideración de un problema ya clásico, el andalucismo, hasta problemas sociolingüísticos y normativos del español en EE.UU., el léxico técnico de préstamos y neologismos, y un estudio pragmalingüístico de algunos pronombres de tratamiento, los arcaísmos.

El artículo «Reflexiones sobre el llamado andalucismo del español de América» de Volker Noll reconsidera la antigua hipótesis de la base andaluza del español en el continente americano. La cuestión sigue siendo actual, dado que el concepto de la koiné, que está en el centro de la discusión hoy en día, ha desplazado apenas la pregunta de si la misma se formó posiblemente a partir de una importante aportación de índole meridional. Sin embargo, las posiciones antiguamente opuestas de Wagner y de Henríquez Ureña se completan en la perspectiva actual, lo que conduce a una revaloración del trabajo del investigador dominicano acusado con frequencia de mero antiandalucismo. En su artículo, Volker Noll analiza los llamados andalucismos a nivel panamericano e investiga las características en regiones primeramente aisladas como Argentina (véase el mapa). Los resultados obtenidos indican que nada justifica presumir una influencia andaluza marcada en el proceso formativo del español de América fuera de la región caribeña.

Sobre la base de datos estadísticos y sociolingüísticos, Giorgio Perissinotto subraya que los hablantes del español en los Estados Unidos se encuentran en una encrucijada. Si por un lado el español está cada día más presente en la vida americana y si hay una creciente concienciación de su presencia en todos los aspectos de la vida, es, sin embargo, en el ámbito de la lengua y cultura donde los caminos deben ser todavía definidos. A pesar de que los Estados Unidos tienen una larga historia de multilingüismo y hasta de tolerancia lingüística, la historia reciente se ha caracterizado por una actitud intolerante hacia otras lenguas y culturas, sobre todo hacia el castellano (English only) en la educación escolar. Por la diversidad de origen de sus hablantes (especialmente chicanos, cubanos y puertorriqueños), el español norteamericano no tiene un modelo monolítico, sino que es una lengua en plena gestación que carece de una norma lingüística colectiva. Al dar al español en EE.UU. un estatus oficial, surgirá el problema de la creación de una norma que cobije a las diversas variantes del español norteamericano.

Otro aspecto del español en los EE.UU. se estudia en el trabajo de Gabriele Knauer, la especial actitud de los medios de comunicación estadounidenses frente a las diversas variedades del español norteamericano. Después de la descripción de la situación del español en los Estados Unidos entre variación y neutralización tanto en la comunicación diaria como en la mediática, la autora pasa a un discurso de política lingüística en el que subraya la responsabilidad que tienen los medios de comunicación hispanos para el futuro del español en los EE.UU. Partiendo de la hipótesis de que sobre todo la televisión hispana juega un papel decisivo para el mantenimiento del español en los EE.UU. y de fomentar una cierta nivelación interdialectal, supone que ello podría contribuir de una forma decisiva a una nueva identidad panhispana en los EE.UU. Para alcanzar a una audiencia hispana tan diversificada, la autora propone a los responsables de los medios de comunicación combinar estas tendencias neutralizantes en el uso de la lengua con imágenes y símbolos tanto hispanoamericanos como estadounidenses que den a la comunidad hispana la sensación de ser parte integrante de la sociedad estadounidense.

La contribución de Eva-Maria Güida «El vocabulario informático en Argentina. Los lectores escriben a La Nación» se inscribe en la tradición de estudios contrastivos y diferenciales con una perspectiva peninsular, aplicado a un sector del léxico de creación reciente y con influencia del inglés: busca responder a la pregunta de si el vocabulario informático argentino se distingue del de España. Material base para este estudio es el correo electrónico entre los lectores y la redacción del suplemento ‘Informática’ del diario argentino La Nación. Los resultados demuestran que la extensión mundial de la tecnología no conduce necesariamente a una terminología única en los países hispanohablantes sino, al contrario, que a partir del mismo tronco común de la lengua, los hablantes en cada país crean localmente sus términos según sus necesidades. Se puede ver en este estudio un ejemplo más y reciente de factores establecidos por Rivarola.

Bettina Kluge parte de las diferentes formas del voseo en Chile. Su enfoque no es morfosintáctico, sino que dirige su atención sobre el uso en el lenguaje hablado, diferenciado regional- y socialmente así como tres usos funcionales: tratamiento directo, discurso directo reproducido, formas generalizadoras. Puede demostrar en su corpus una tendencia en las regiones del sur de Chile a preferir el ustedeo y el tuteo en el tratamiento directo, mientras que el uso del voseo (verbal) queda relegado para el discurso directo reproducido. Para referirse a experiencias generalizables, se prefiere uno/una indefinido. Para Santiago, se postula una tendencia entre los jóvenes a utilizar el tuteo y el voseo verbal ‘culto’, apartándose del uso de usted en muchas ocasiones de sus compañeros en el sur de Chile. El voseo es la estrategia preferida por santiaguinos para expresar experiencias generalizadoras. Otro resultado es el uso de la alternancia entre voseo y tuteo para fines estilísticos, por lo menos en el discurso directo reportado y para las experiencias generalizadoras.

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Ruth Mariela Mello-Wolter retoma también un asunto bien estudiado en lingüística hispanoamericana: «Arcaísmos en el español del Paraguay», ya objeto de un análisis de Germán de Granda. Con su reconsideración la autora quiere actualizar y ampliar los datos obtenidos por Granda acerca de los arcaísmos léxicos en el español del Paraguay en 1987. Las informaciones expuestas están basadas en una encuesta dirigida, a partir de un cuestionario base, dentro del Proyecto ALGR. El estudio realizado es de carácter diastrático-diageneracional.

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El hecho de que prevalezcan en la parte sobre contactos, los estudios del área guaraní no es mera casualidad. Aunque haya una actividad considerable en investigaciones del contacto lingüístico sobre varias regiones1 (México, Guatemala, region andina, Caribe, Chile) por parte de investigadores de universidades de los países de habla alemana, cabe explicar la concentración de investigaciones sobre el área guaraní como producto del proyecto del Atlas Lingüístico Guaraní-Románico bajo la dirección de Wolf Dietrich y Harald Thun. De este grupo de estudiosos contamos con tres contribuciones, la de Wolf Dietrich, Ruth Mello-Wolter y Haralambos Symeonidis. Además, tanto el estudio sociolingüístico de la colega chequa, Lenka Zajícová, como Azucena Palacios, en su tratado teórico, se refieren, entre otros, a datos del área guaraní.

Lenka Zajícová ofrece un estudio sociolingüístico considerando la revalorización y el mantenimiento del guaraní y su convivencia con el castellano en una región del Paraguay después de la reforma educativa bilingüe evaluando los logros eventuales de ella. En su contribución «El castellano en el contexto de la emancipación del guaraní: Un estudio regional en Itapúa (Paraguay)» ha ejecutado una encuesta, considerando cuatro variables: edad, nivel sociocultural, sexo y residencia. Su encuesta se basa en 48 preguntas sobre el uso lingüístico en diferentes contextos. Puede destacar un mayor porcentaje del uso de los dos idiomas en el trato de padres a hijos en la generación joven, y esta influencia fue manifestada explícitamente por algunos de los informantes que, de otra forma, hablarían a sus hijos solo en castellano. Además, la educación bilingüe era considerada por la mayoría absoluta de los entrevistados como un hecho positivo. También encontró un creciente bilingüismo en las generaciones más jóvenes. Sin embargo, el castellano sigue teniendo todos los rasgos de la lengua de prestigio y el guaraní no. La autora también sospecha que con la creciente urbanización se aumentará la preferencia por el castellano que llevará a una decisión de no transmitir el guaraní a los hijos. La reforma educativa con la educación bilingüe, pues, no ha conseguido todavía los objetivos propuestos de inversión del desprecio del guaraní.

En el contexto de los materiales recogidos para la elaboración del Atlas Lingüístico Guaraní-Románico (78 informantes paraguayos, 82 del Nordeste argentino y 15 porteños), Wolf Dietrich estudia las actitudes hacia lexemas que se refieren a la corporalidad humana, es decir un campo del subestandard y de vocabulario disfemístico. En «El léxico del castellano de la ‘zona guaranítica’ (Paraguay y Nordeste argentino) frente al léxico porteño» compara los comportamientos lingüísticos de los hablantes bilingües de la región que corresponde al Paraguay colonial con los de Buenos Aires. Los ejemplos escogidos referentes a la corporalidad humana muestran diferentes grados del rechazo de la creatividad y diferenciación léxica porteña. Sobre todo los hablantes jóvenes de la ‘zona guaranítica’ se limitan a un castellano básico, es decir que no admiten ni términos muy diferenciados para un concepto único ni juegos de palabras. Pero hasta su guaraní es algo sobrio. En su caso, se trata, pues, no sólo de un bilingüismo bastante desequilibrado, sino también de una situación lingüística caracterizada por un cierto empobrecimiento léxico.

También la investigación «Aspectos sintácticos en el habla popular románica de la zona guaranítica» de Haralambos Symeonidis se basa en los datos del proyecto ALGR (Atlas Lingüístico Guaraní-Románico) donde se están documentando sistemáticamente las consecuencias del contacto y las interinfluencias entre las lenguas participantes, el castellano, el portugués y el guaraní. La situación particular de una posible influencia simultanea del guaraní en dos lenguas románicas ofrece un campo de comparación muy atractivo. Así, tomando como ejemplo el comportamiento de los clíticos en posición de objeto directo, Symeonidis da buenas razonas para suponer que la elisión de estos clíticos en el habla popular tanto del castellano como del portugués de la zona guaranítica parece reflejar la influencia del sistema referencial del guaraní, lo que, según el autor, no se ha considerado suficientemente hasta ahora.

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Como actas de una mesa de un congreso, el conjunto de las contribuciones no pueden dar testimonio ni del total de las actividades de los estudiosos en Alemania ni del espectro total de los temas relevantes en el área. Sin embargo, estamos convencidos de que el volumen que estamos entregando al público será una contribución valiosa e influyente para los estudios del español en América. Algunas de las contribuciones, cada una desde una perspectiva particular, proponen nuevos métodos o situan problemas conocidos dentro de nuevos marcos metodológicos, otros ofrecen visiones y la construcción de conceptos innovadores sobre temas muchas veces estudiados y algunas completan el saber sobre un asunto particular. Con ello contribuyen al avance de la investigación en el área.

Bremen, Münster, Regensburg, enero de 2004
Klaus Zimmermann, Volker Noll, Ingrid Neumann-Holzschuh

I. Cuestiones teóricas y metodológicas

LA REALIDAD SUBJETIVA EN EL ESTUDIO DEL ESPAÑOL DE AMÉRICA

ROCÍO CARAVEDO
Pisa

1. La subjetividad

En esta reflexión partiré del concepto de subjetividad propuesto por John Searle, característico de los hechos sociales y específicamente de los institucionales (como son las lenguas); es decir, aquellos que son producto de procesos de simbolización, más que intrínsecamente físicos o materiales (Searle 1995: 27 ss.). Subjetivo, en el pensamiento de Searle, quiere decir relativo al observador (observer’s relative). Ahora bien, tanto la subjetividad cuanto la objetividad se pueden enfrentar —según este autor— en un sentido epistémico (epistemic sense) y en un sentido ontológico (ontologic sense). El primero de ellos se refiere a predicados de juicios, mientras que el segundo a entidades o tipos de entidades y a sus modos de existencia (Searle 1995: 8). Así, valiéndome de los propios ejemplos de Searle, un enunciado como Rembrandt es mejor pintor que Rubens es subjetivo en un sentido epistémico, mientras que Rembrandt vivió en Amsterdam durante 1632 es objetivo en este mismo sentido. Paralelamente, el sentido ontológico, aplicado a la distinción entre objetividad y subjetividad implica, que ciertos tipos de entidades como el dolor son ontológicamente subjetivas, mientras que otros, como las montañas, son ontológicamente objetivas.

Más aún, Searle establece la posibilidad de ciertos entrecruzamientos: se puede aludir a juicios epistémicos subjetivos sobre entidades ontológicamente objetivas y, a la inversa, a juicios epistémicos objetivos sobre entidades ontológicamente subjetivas.1 Tales interrelaciones permiten concebir que los hechos ontológicamente subjetivos, como las lenguas, puedan ser abordables de modo objetivo en un sentido epistémico.

Precisemos un poco más cómo se aplicaría el carácter subjetivo ontológico a las lenguas. De acuerdo con el concepto de subjetividad de Searle, el observador no puede ser sino el hablante. ¿Cuáles son los alcances de esta afirmación? Como es obvio, ella no implica que cada sujeto pueda modificar de modo antojadizo la forma de su lengua. La idea de dependencia o relatividad respecto del sujeto se refiere más bien al consenso, vale decir, en la aceptación colectiva, lo cual a la vez supone cierta coincidencia de comportamiento: que se ponga en juego un carácter deóntico, de obligatoriedad no coactiva.2

De acuerdo con esta interpretación, la subjetividad no implicará —como podría desprenderse de una interpretación trivial del término— arbitrariedad, desorden ni individualismo. Supone, más bien, la aceptación consensual de un ordenamiento preestablecido, esto es, una dirección normativa. Hasta aquí la propuesta de Searle, que, al presentar una filosofía sobre la realidad social en general, no entra —por lo menos en el texto al que aquí me refiero— en el terreno específico de las lenguas particulares. De la idea de un consenso normativo podría inferirse que la normatividad implica el carácter homogéneo, más que heterogéneo, de las lenguas. Sin embargo, no existe una única dirección normativa para todos los hablantes de una lengua, ni aun en el caso de aquellas que han alcanzado un alto grado de estandarización, como el francés (piénsese, por ejemplo, en la variedad de Québec, para citar un solo caso). Esto lleva a afirmar la relatividad de las normas, pues éstas pueden dejar de regir o cambiar de orientación en relación con circunstancias de muy diverso orden. En otras palabras, en cualquier otra colectividad puede surgir una dirección normativa diferente, hasta cierto punto contraria a la presuntamente general3. Y —a mi juicio— este hecho no supone —como puede imaginarse— una contradicción respecto del aspecto colectivo o deóntico señalado por Searle; antes bien, su confirmación, dado que por más que se acepte el carácter heterogéneo de las normas, éstas siempre involucran a grupos de hablantes, y no a individuos aislados. Además, las propias diferencias de dirección normativa en el dominio de una misma lengua pueden considerarse también una confirmación de su carácter subjetivo intrínseco. El reconocimiento de la condición relativa de la normatividad en las lenguas constituye un punto de partida capital para la comprensión de la diversidad y del cambio lingüísticos como hechos naturales.

2. El plano evaluativo

Dejando ya de lado las argumentaciones de Searle, ¿qué aspectos se pueden incluir en el estudio de la subjetividad en las lenguas? Aparte los principios constitutivos de cada una de ellas ligados a los procesos de simbolización (concernientes a la intencionalidad),4 cuestión en la que el mencionado estudioso se ha detenido con amplitud, pero en la que no vamos a entrar aquí, consideraré en esta exposición solo lo concerniente al plano estrictamente evaluativo como manifestación natural de la condición subjetiva de las lenguas, aun cuando —como es sabido— no todos los rasgos característicos de una lengua son materia de evaluación explícita por parte de sus hablantes. Enfrentaré, sin embargo, la dimensión evaluativa de un modo más amplio deslindando en ella un aspecto directo y otro indirecto.

El último supone que a pesar de que es por todos conocido que la conciencia evaluativa no se ejercita en relación con todas las características de una lengua o de un modo de hablar, los hablantes que comparten un mismo espacio social coinciden de modo general en la producción de determinados usos, que normalmente no someten a discusión. Así, por ejemplo, formas como el seseo en Hispanoamérica no constituyen, por lo general, en la actualidad, objeto de evaluación ni positiva ni negativa: simplemente se dan en esa modalidad, aunque no exista la autoconciencia por parte de los hablantes. Es el propio uso generalizado el que indica ya una aceptación tácita o, por lo menos, su no discriminación negativa. La evaluación negativa solo puede provenir de sujetos con una modalidad diferente, en este caso, sin duda la castellana no seseante. Debo, no obstante, precisar que la evaluación indirecta no debe confundirse con el uso en general, sino que puede estar implícita solo en relación con ciertos usos caracterizadores o distintivos de una comunidad o de un grupo en el dominio de una lengua.

Por otro lado, la evaluación directa supone la percepción de un rasgo determinado o de una modalidad global y su consiguiente valoración explícita por parte de los hablantes. Aquí es preciso establecer la diferencia entre la autoevaluación, vale decir, el reconocimiento y calificación de un rasgo de la propia modalidad (p.ej. los hablantes del castellano central evalúan como forma ideal la distinción /s/ y /θ/), y la evaluación de las modalidades diferentes de la propia. Ambos tipos pueden influir en la dirección de la variación de una lengua.

En el aspecto evaluativo de la lengua se incluye asimismo tanto el sentido técnico cuanto el ingenuo, esto es, aspectos de la metalengua formal y también la informal propia del saber común, las cuales mantienen estrecha relación en modos difíciles de calibrar. Esta consideración es fundamental, en el sentido de que la propia constitución de objetos de estudio diferenciados desde el punto de vista geográfico (sea con alcance continental, como el español de América; sea regional, como el español del Caribe, el español andaluz; sea nacional, como el español de México, de Puerto Rico, de Colombia), y naturalmente los contenidos de conceptos como norma culta, norma ejemplar, lengua estándar, implican de suyo un entrecruzamiento de aspectos provenientes de la evaluación directa e indirecta, tanto formal cuanto informal. Baste recordar la variación en los juicios sobre el seseo o el voseo, en un tiempo desestimados en las visiones académicas de autores incluso como Menéndez Pidal, para citar un caso notable.5 No hay que pasar por alto que quienes construyen el discurso disciplinario de una lengua son, por lo general, los hablantes de ella, los cuales provienen de espacios sociales determinados, son representativos de modalidades específicas y poseen además sus propios modelos o ideales de referencia. Por lo demás, el aspecto subjetivo se expresa en el ámbito disciplinario, de modo patente en la orientación de las preferencias descriptivas, en la selección de los problemas y de los fenómenos centrales de la investigación, en el énfasis de lo relevante en materia de observación científica.

3 La percepción lingüística

Ahora bien, el mecanismo básico que se pone en juego en la evaluación tanto directa cuanto indirecta es la percepción lingüística. Existe una relación unilateral entre percepción y evaluación: mientras no toda percepción conlleva una evaluación, toda evaluación presupone la percepción. Quiero decir que el conocimiento de una lengua, y las valoraciones que forman parte de él, implican necesariamente una percepción selectiva y orientada de modo arbitrario hacia unos hechos lingüísticos y no hacia otros. ¿Qué justificación objetiva puede existir, por ejemplo, para que la palatal lateral /ʎ/ esté subvalorada y estigmatizada en ciertas regiones hispanoamericanas, mientras que en el español peninsular forme (o haya formado parte) parte del modelo prestigioso o ideal?

Antes que nada hay que deslindar entre los tipos de percepción que pone en juego el hablante a partir del proceso de adquisición y aprendizaje lingüísticos, y que luego se van debilitando con la estabilización de tales procesos en la adultez. Me refiero a la diferencia entre la percepción analítica y la sintética, deslinde que he desarrollado en otro lugar.6 Respecto de la primera, un individuo es capaz de percibir rasgos aislados, como los descritos y analizados en la observación científica, y concomitantemente puede (o no) interpretarlos social-mente o calificarlos en cualquier dirección, esto es, evaluarlos de modo directo. Puede suceder también que el plano evaluativo no se explicite directamente en relación con cierto tipo de hechos percibidos, como sucede con lo que he llamado evaluación indirecta, de modo que la aceptación de un rasgo por parte del hablante se expresa no a través de la expresión clara y definida de juicios de valor, sean positivos o negativos, sino más bien mediante la presencia generalizada del rasgo en cuestión e incluso de su difusión, o de lo contrario, de su ausencia o desaparición. Sucede así, por ejemplo, con fenómenos como el dequeísmo (la presencia de la preposición de ante verbos que desde el punto de vista de la norma académica no la requieren). Por ejemplo, en algunas pruebas de percepción realizadas con grupos sociales de clase media originarios de Lima, los hablantes no solo parecían no percibir las formas, sino que no expresaban juicios evaluativos directos ni en relación con la forma canónica ni con la dequeísta. Sin embargo, la intensidad de formas dequeístas en sus propios discursos, incluso en estilos muy formales, hace suponer la puesta en juego de algún mecanismo indirecto de evaluación positiva de este fenómeno o, por lo menos, no negativa, cuya motivación debe ser todavía materia de estudio. En el caso del fenómeno complementario denominado queísmo los hablantes que lo practican tampoco lo perciben; no obstante la adición de la preposición, que correspondería al uso canónico, en formas como estoy seguro de que, el hecho de que es curiosamente percibida como incorrecta.

Ahora bien, la percepción analítica puede estar motivada por la presencia de formas con alto grado de frecuencia en una comunidad, frecuencia que favorece la reproducción en la rutinariedad de la actuación lingüística. En este caso, me refiero a una orientación generalizadora de la percepción. Al lado de esta, la percepción analítica puede tener, asimismo, una orientación singularizadora, esto es, dirigirse hacia fenómenos representativos de una lengua, aun cuando éstos se presenten con baja frecuencia. Esto sucede con formas como la asibilación de la vibrante múltiple, o la alternancia vocálica i/e, o/u, en el castellano andino, que aun cuando de modo objetivo en el recuento estadístico resultan con bajas frecuencias de aparición, los hablantes del castellano no andino las perciben de modo notorio y las evalúan negativamente hasta el punto de la estigmatización.

Por otro lado, la percepción sintética —sea científica, sea ingenua— supone el reconocimiento de modalidades o variedades en sentido global, sin que se puedan aislar rasgos discretos. Se trata de la percepción de conjuntos integrados como una totalidad donde concurren muchos rasgos simultáneamente (puede tratarse incluso de una estructura melódica), que el observador no puede discriminar de modo consciente. Este tipo de percepción está presente en la propuesta de la existencia de variedades unitarias, como el español peninsular, el español de América, u otras variedades de tipo regional.7

De modo análogo, una buena parte de la percepción científica es también analítica, en cuanto persigue la descripción detallista y minuciosa de los rasgos considerados típicos de las modalidades dialectales del español. Hay que precisar, sin embargo, la conexión interna que puede darse entre la percepción analítica y la sintética, de modo que muchas veces basta el reconocimiento de un rasgo característico de una modalidad convertido en estereotípico, para que se reconozca una variedad en un sentido totalizador. Fenómenos como el voseo y el rehilamiento de la palatal no lateral en la zona rioplatense pueden ser suficientes para la caracterización de una variedad, aunque ésta no existiera sino en razón de la percepción de esos dos rasgos típicos.

De acuerdo con esta perspectiva, que he podido sólo esbozar aquí, la cuestión medular que debe ponerse en el centro de la investigación es la siguiente: ¿Cuáles son los factores fundamentales que contribuyen a la dirección perceptiva de los hablantes en materia lingüística? ¿Por qué unos rasgos se perciben, mientras que otros no, de modo diferenciado en ciertos grupos sociales o en ciertos espacios geográficos, sobre todo cuando se trata de una misma lengua y, en cierta medida, del mismo sistema cognoscitivo sobre ella?

Para responder a esta pregunta, hay que partir del conocimiento empírico y razonado de cada una de las organizaciones (desorganizaciones) socioculturales en que se desarrolla la lengua. Resulta obvio, por ejemplo, que no se puede esperar un sistema cognoscitivo uniforme y único por parte de individuos en sociedades móviles o en proceso de conformación (como las post-coloniales) sujetas a cambios demográficos de envergadura, en las cuales se confrontan modalidades dialectales diversas o incluso sistemas lingüísticos distintos. Es verdad que la percepción tiene su fuente primaria en el proceso adquisitivo dentro del ámbito familiar, pero hay que tener en cuenta que se desarrolla ante diferentes tipos de información que el hablante recoge directa o indirectamente del ambiente social más amplio en el que le ha tocado insertarse. Esto sucede a través de la inmersión en distintas esferas además de la familiar: vecinal (la del barrio y los compañeros de juego), escolar, laboral, amical, cultural más amplia (regional, nacional e internacional, si se da el caso), y en general la esfera comunicativa de los individuos. De acuerdo con tales complejas redes de interacción, la percepción lingüística se orienta hacia distintos puntos de la lengua, que pueden diferir en mayor o menor medida según los diferentes espacios sociales, y aún más según los variados grupos que no se relacionan de modo simétrico dentro de tales espacios. Si retomamos el ejemplo de la bifurcación perceptiva de la palatal lateral en España y en América, solo teniendo en cuenta el contexto de la migración interna y la consiguiente minusvaloración del castellano andino en el Perú (cosa que probablemente no ocurre con el castellano andino de Ecuador o de Bolivia), se explica que esta forma fonológica prestigiosa en el modelo estándar peninsular sea objeto de una percepción negativa hasta el punto de la estigmatización por parte de los hablantes del castellano de tipo costeño, que es considerado prestigioso en el mismo estado nacional.

4. La diferencia estilística como medio de percepción

¿Pero qué puede motivar la diversidad en el modo de percibir y de evaluar las características dentro de un mismo sistema lingüístico? Para intentar enfrentar esta cuestión hay que remontarse a la adquisición lingüística que no es, en esencia, otra cosa que un proceso de orientación perceptiva hacia los fenómenos relevantes que permiten hablar una lengua. En principio, el niño aprende una lengua a través de una manifestación concreta de ella: la de sus padres y la de su espacio social, a partir de las situaciones comunicativas a las que se expone (pero puede no coincidir con la de sus padres, sobre todo cuando se trata de sociedades de migración, donde se da el contacto de lenguas, o cuando se trata de sociedades con gran asimetría interna). Al dar prioridad a este aspecto pragmático del aprendizaje, en la perspectiva laboviana de la variación, se ha enfatizado el hecho de que el niño capta desde muy temprano las distinciones estilísticas de su lengua mucho antes que las diferencias de clase social.

Como se sabe, la variación estilística, según esta corriente, se expresa en la oposición informal/formal, la cual se define como el grado de conciencia y autocontrol del individuo respecto de su discurso (y añado yo aquí, de los recursos de su lengua).8 En la propia definición de esta dicotomía está en juego —a mi entender, aunque no se lo haya precisado— el modo de percibir o de llevar a la conciencia la percepción lingüística. Este punto no ha sido bien explorado en la investigación sobre la diversidad del español. Resulta obvio que cuando se presta atención al propio discurso y cuando se reflexiona sobre su construcción, la elección de determinadas formas supone una agudización de la percepción lingüística y, en consecuencia, un acercamiento a los ideales normativos del sujeto. Esta distinción me parece compatible con la de distancia/inmediatez comunicativa, desarrollada por Koch y Oesterreicher (1985), aun cuando esta última polaridad remite de modo particular a las diferencias graduales entre modos de concepción escritural y oral de los discursos. Hay que precisar que en contraste con la mencionada propuesta, la oposición laboviana es, más bien, de naturaleza sociopsicolingüística, en la medida en que, al relacionarse con el grado de atención, involucra necesariamente los mecanismos de percepción del discurso, graduables en las diferentes etapas de conocimiento de una lengua. Salvando las diferencias, no obstante, resulta natural imaginar que un discurso situado en el polo de la distancia comunicativa (o cercano a él) comporte una activación de los mecanismos perceptivos y, por lo tanto, sea equiparable a un grado alto de formalidad, mientras que un discurso en el extremo de la inmediatez podría aparejarse, al mismo tiempo, con el grado mínimo de formalidad (i.e. con la informalidad). Sin embargo, hay que cuidarse de las equivalencias apresuradas, pues no siempre los tipos de discurso asignados al polo de la distancia, que responden a ciertas tradiciones en las que el hablante se inscribe, exigen una mayor atención por parte de éste que aquellos marcados por la inmediatez (por ejemplo, una comunicación escrita puede considerarse informal si es rutinaria y no demanda una mayor atención por parte del constructor del mensaje). Y, en el extremo opuesto, asimismo, muchos discursos espontáneos muy cercanos al polo de la inmediatez podrían requerir una mayor conciencia y control por parte del hablante, si éste no está integrado en el medio social o cultural al que se circunscriben tales tipos de discursos (por ejemplo, una comunicación privada, incluso dialógica, donde se dé también una libertad temática puede ser formal desde el punto de vista de la atención, si los participantes se sitúan en distintos sectores sociales, y si cada uno maneja una pragmática diferente). Ambas polaridades apuntan, pues, a órdenes reflexivos diferentes, aunque sea posible establecer algunas conexiones entre ellos.

Un foco de atención central por parte del hablante, en cuanto a la intensidad y a la dirección de la percepción lingüística es justamente para Labov la oposición formal/informal, la primera que —según este estudioso— permitiría al niño ordenar la variabilidad de su lengua, en vez de las diferencias de clases sociales, o de prestigio. Pero resulta que tal dicotomía se expresa de una manera diferente en la infancia, y se desarrolla, siguiendo las hipótesis labovianas, cuando el niño se confronta con los ambientes disciplinarios de la escuela, en los cuales se produce el contacto directo con los patrones académicos y se comunican las formas ideales o consideradas estándares de una lengua. Al mismo tiempo, el niño se expone también a las formas no estándares que se dan en los ambientes lúdicos en los que participa, y aprende a asociar unas formas con los contextos impositivos y controlados, mientras que otras, resultan compatibles solo con los relajados. De aquí que tales diferencias contextuales se transformarán en las de formalidad durante la adultez, en la medida en que el autocontrol define el polo formal, mientras que la espontaneidad y el descuido caracterizan el informal. Al investigar el comportamiento lingüístico de un adulto durante todo el día, Labov ha registrado las variaciones y reajustes contextuales que tienen lugar conforme cambian los contextos de interacción, familiar, laboral, amical, y ha llegado a descubrir al lado de la producción de rasgos estándares en la situación formal de los ambientes laborales, la aparición de rasgos correspondientes a clases populares cuando el individuo interactúa en los contextos relajados de los amigos o la familia íntima. La gradación de formalidad permite un viaje a través del espectro de la escala social.

Sin embargo, no resultaría legítimo inferir de los resultados de la investigación laboviana que todo rasgo que lleve una marca diastrática inferior ocurra en los estilos informales de los grupos situados en los rangos superiores de la escala social: siempre se pueden encontrar rasgos circunscritos a los estratos sociales inferiores que no son aceptados ni en las situaciones más coloquiales y de mayor proximidad entre los hablantes de estratos superiores (me refiero, por ejemplo, a formas estigmatizadas como: fuistes, hayga, nadies). Y, por el lado contrario, existen también aquellos rasgos que actualizan los grupos populares en situaciones formales que no coinciden exactamente con los actualizados por los grupos superiores (la oclusivización de las fricativas intervocálicas b-d-g, o el uso de ciertos vocablos pseudocultos). Las diferentes elecciones revelan una divergencia en los contenidos de los modelos lingüísticos y, como es obvio, una distinta orientación perceptiva según los diferentes grupos sociales dentro de un espacio determinado. Solo así se puede explicar la variabilidad de usos y patrones en el dominio de una misma lengua.

Respecto de la propuesta de Labov vale la pena tener como punto de referencia la relación formal/informal, pero adaptándola a la estructura de cada sociedad, como puede ser, en el caso que nos ocupa, la sociedad hispánica y, de modo particular, las hispanoamericanas.9distanciadistancia